Bitácora Periodística: El error de juzgar con la vara de la politica

Por: Cecilia Palacios

1.En la política, la línea entre la estrategia y la imprudencia suele ser delgada, pero cuando se cruza para atropellar la identidad cultural de un pueblo, el costo suele ser alto. Recientemente, el dirigente estatal de Morena, Rubén Flores, lanzó un dardo cargado de veneno retórico hacia el priismo zacatecano, específicamente contra su dirigente Carlos Peña. Sin embargo, en el afán de golpear al adversario, terminó por salpicar con calificativos desafortunados a una de las máximas figuras que ha parido esta tierra: Antonio Aguilar.

 

2. El conflicto nace de una alusión musical que Carlos Peña recurrió a los versos de «Lamberto Quintero», un corrido que forma parte del imaginario popular mexicano. La respuesta de Flores no se hizo esperar, tildando la acción como una evidencia de «narco-cultura». Al hacerlo, el líder morenista no solo atacó a un rival político, sino que, por ignorancia o descuido, etiquetó de forma simplista el legado del «Charro de México».

 

3. Llamar «narco-cultura» a la obra de la familia Aguilar es desconocer la historia de una dinastía que ha llevado el nombre de Zacatecas a los escenarios más importantes del mundo. Don Antonio Aguilar, junto a su esposa Flor Silvestre, y ahora a través de Pepe, Ángela y Leonardo, han construido una herencia que va mucho más allá de una letra de corrido; es la representación del folclore, la charrería y la identidad de un estado que se siente orgulloso de sus raíces.

 

4.Esta no es la primera vez que la verborrea de Rubén Flores lo mete en terrenos pantanosos. Apenas hace unas semanas, el dirigente fue blanco de críticas al intentar silenciar al obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, sugiriendo que el prelado debería abstenerse de opinar sobre la realidad que vive la entidad.

 

5.Parece que el liderazgo oficialista en el estado ha adoptado una postura de intolerancia ante cualquier discurso que no se alinee al propio. El problema es que, entre la confrontación partidista y las declaraciones viscerales, se pierde el respeto por las instituciones y por los símbolos culturales, pero no podemos esperar mucho de quien no conoce Zacatecas.

 

6.Zacatecas ya tiene suficiente con la compleja realidad social que enfrenta como para que sus actores políticos, en lugar de elevar el nivel del debate, se dediquen a ensuciar los pilares de su cultura. La historia, a la que tanto alude Flores, suele poner a cada quien en su lugar, y rara vez premia a quienes confunden la crítica política con el desprecio a las tradiciones de su gente.

 

Nos leemos este sábado en nuestra Bitácora Periodística.

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