El fin de un imperio: ¿Coincidencia o destino?

Por: Ángel Martínez
Se cumplió la sentencia. Washington, bajo el mando de Donald Trump, no se quedó en la retórica de campaña y ejecutó la amenaza de ir con todo contra las estructuras criminales en México. En una operación quirúrgica de fuerzas federales, fue abatido Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. Este golpe no es casualidad; es el resultado de meses de presión extrema de la Casa Blanca sobre el gobierno mexicano para desmantelar el flagelo de los cárteles.
La caída del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ocurrió en la zona serrana de Tapalpa, Jalisco, gracias a una coordinación estratégica entre la Defensa, Marina y agencias estadounidenses. Como era de esperarse, el «monstruo» de mil cabezas reaccionó: sus huestes no se quedaron de brazos cruzados y desataron el caos a sangre y fuego.
Bloqueos y enfrentamientos incendiaron no solo a Jalisco, sino a diversos estados, incluido nuestro Zacatecas, que hoy vuelve a pagar los platos rotos de la guerra contra el narco.
Hay fechas que parecen estar marcadas por el destino en el calendario criminal.
Este 22 de febrero de 2026 quedará grabado en la memoria colectiva, tal como ocurrió hace 12 años, un 22 de febrero de 2014, cuando fue capturado Joaquín “El Chapo” Guzmán. ¿Simple coincidencia o un mensaje cifrado del destino para los capos de la droga?
Nos guste o no, Oseguera Cervantes pasará a la historia como uno de los criminales más sanguinarios y poderosos de la era moderna.
Su influencia no se limitaba a las fronteras mexicanas; de acuerdo con agencias de seguridad, el CJNG logró extender sus tentáculos hacia Asia, África, Europa y la gran mayoría de la Unión Americana. Su fortuna, estimada en más de mil millones de dólares, le sirvió para financiar una vida de lujos ocultos, atender su precaria salud —específicamente su insuficiencia renal— y, por supuesto, para intentar comprar voluntades en las altas esferas de la política global.
“El Mencho” fue un capo a la vanguardia. Bajo su mando, el CJNG innovó el terror: desde el uso de drones con explosivos hasta la instalación de minas terrestres, tácticas que incluso llevaron a gobiernos europeos a compararlo en peligrosidad con figuras como Osama Bin Laden. Hoy, ese imperio de terror ha perdido a su cabeza, pero la pregunta que queda en el aire para todos nosotros es: ¿qué sigue para México tras este terremoto de violencia?
