BITÁCORA PERIODÍSTICA/ Bibliotecas en el mapa de la paz: el reto de pasar del diagnóstico a los hechos
Por: Cecilia Palacios
La narrativa oficial de la Cuarta Transformación tiene una nueva etiqueta para El Mineral: «territorio de paz».
Bajo ese pomposo paraguas discursivo, acuñado desde el escritorio de la presidenta Claudia Sheinbaum, la nueva directora General de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura Federal, Guillermina Pérez Suárez, eligió a Fresnillo como una de sus paradas desde lo nacional.
El gesto político es innegable, pero los discursos de pacificación a través de las letras topan con una realidad institucional bastante más árida.
En la Biblioteca Municipal “Genaro García”, el secretario del Ayuntamiento, Rubén Ríos Huerta, y la directora local del área, Adriana Sánchez, se esmeraron en el protocolo de bienvenida y en alinear la «voluntad» del alcalde Javier Torres con el proyecto federal.
Sin embargo, en el periodismo de a pie sabemos que las buenas intenciones no pagan la luz ni actualizan los acervos.
El verdadero baño de realidad ocurrió cuando la funcionaria federal caminó por los pasillos del recinto. Ahí, lejos de las fotos oficiales, fueron los propios trabajadores quienes tuvieron que romper el romanticismo del evento para exigir apoyos concretos.
Las bibliotecas de Fresnillo no necesitan más diagnósticos de los que ya abundan; necesitan presupuesto, infraestructura digna y herramientas reales para competir en la era digital y convertirse, de verdad, en centros vivos.
Prometer que los ciudadanos «crearán comunidad» y «estarán en sintonía con sus pares» a través de la literatura suena idílico en un comunicado de prensa. Pero la cultura no pacifica por decreto. Si la Federación pretende usar a las bibliotecas de Fresnillo como trinchera contra la violencia, la estrategia no puede quedarse en el simple mapeo geopolítico.
El reto para los tres niveles de gobierno es pasar de la demagogia cultural a los recursos económicos.
De lo contrario, la visita de la funcionaria solo habrá sido otro paseo burocrático por el estado, dejando a nuestras bibliotecas exactamente igual: sobreviviendo gracias al empeño de su personal, pero olvidadas por el presupuesto.
