Bitácora Periodística/ Caminar en un sendero se búsqueda, cansancio y esperanza

Por: Cecilia Palacios

1.»Estamos desgastados, deprimidos y hasta enfermos». La frase, lanzada como un grito ahogado por las madres buscadoras de Zacatecas hace unos días, no es solo un estado de ánimo; es el diagnóstico de un sistema que ha decidido administrar el dolor en lugar de resolverlo.

​2.En México, y particularmente en nuestro estado, buscar a un desaparecido no es solo una labor de campo entre la tierra y la incertidumbre. Es, sobre todo, una carrera de resistencia contra una precariedad extrema y una soledad que cala hasta los huesos. Hoy no solo buscan las madres; busca la familia extendida, los amigos, los allegados que, sin reconocimiento oficial ni acompañamiento, caminan por senderos que el Estado ha decidido ignorar.

​3.Lo más alarmante del reciente testimonio de estos colectivos es la mutación de la negligencia. Ya no solo se enfrentan a la puerta cerrada o al rostro adusto del burócrata. Ahora, denuncian la llegada de la «omisión buena onda». Esa condescendencia con la que se les trata en las oficinas, donde un café o una palabra suave pretenden sustituir la falta de resultados, de búsquedas reales y de justicia. Es una burla disfrazada de amabilidad que duele tanto como el silencio.

​4.La realidad es cruda: pasar horas en la Fiscalía no es «avanzar». Sostener procesos de memoria por cuenta propia no es «colaborar». Es la evidencia de que las familias están haciendo el trabajo que las autoridades niegan. La negación oficial de la crisis solo genera una desolación profunda.

​5.No hay buenas noticias en el horizonte, dicen ellas. El panorama no apunta a un cambio real porque, mientras el discurso oficial se empeña en maquillar las cifras o en «atender con buena actitud», el desgaste físico y mental sigue devorando a quienes solo piden una respuesta.

​La memoria, cuando se construye desde el dolor y la verdad, termina por visibilizar lo que el poder quiere enterrar. Pero, ¿a qué costo? El cuerpo de una madre no debería ser el campo de batalla donde se libre la lucha contra el olvido. Ya es hora de que la «buena onda» se convierta en acciones de búsqueda reales, porque la desolación ya no admite más cortesías vacías.

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