Narrativa que revictimizan y el luto en solitario de Fresnillo

 

POR ÁNGEL MARTÍNEZ 

Cuando un estado se desmorona bajo el peso de la violencia, lo mínimo que sus ciudadanos esperan de las instituciones es justicia y empatía. Sin embargo, en Zacatecas la respuesta oficial parece empeñada en seguir el guion más indolente: el de la criminalización de quienes ya no están para defenderse.

​Tras el asesinato de diez personas en la entidad —ocho de ellas originarias de Fresnillo—, la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas (FGJEZ) prefirió centrar el reflector en un dato que poco aporta al esclarecimiento de los hechos, pero que pesa toneladas en el juicio público: destacar que cinco de las víctimas dieron positivo al consumo de drogas.

​Reducir una tragedia de esta magnitud a una prueba toxicológica no solo es una torpeza comunicacional; es una estrategia de revictimización desgastada.

Al airear detalles sobre sustancias, trayectorias de disparo o especulaciones económicas, la narrativa oficial desvía la atención de lo verdaderamente urgente: no hay un solo detenido, no hay avances claros y la impunidad reina intacta.

​Resulta irónico que, cuando se les cuestiona por la falta de resultados, las autoridades apelen de inmediato al «sigilo de la investigación». Pero cuando se trata de matizar el impacto político de una masacre, ese prudente sigilo desaparece por completo para abrirle paso al estigma.

​A este manejo mediático se le suma el abandono en el territorio. Del rimbombante anuncio sobre el despliegue de 400 efectivos de seguridad para pacificar Fresnillo, este domingo no se vio ni la sombra.

Las familias acudieron a los funerales y a los templos acompañadas únicamente por el gobierno municipal y por una comunidad abrumada por el luto.

​El despliegue fue de dolor, no de fuerza pública. Los discursos de paz y los operativos de papel no consolaron a nadie. Hoy, Fresnillo volvió a enterrar a sus muertos en soledad, mientras la Fiscalía, en lugar de entregar responsables, entrega etiquetas.

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